Santa Eulària, un pueblo ligado a su río

En la zona oriental de Ibiza se encuentra el pueblo de Santa Eulària, uno de los más cotizados de toda la isla por sus bajas revoluciones y su tranquilidad. Un pueblo de ibicencos que recibió durante el último cuarto del siglo XX a muchos trabajadores de la Península, especialmente de las regiones de Murcia y Andalucía, que acabaron asentándose y echando raíces en la zona. Alejado de los centros más importantes de ocio nocturno, la Villa del Río es muy demandada por el turismo familiar.

Pero si algo ha caracterizado a Santa Eulària durante toda su historia ha sido ser la desembocadura del único río de todo el archipiélago balear. Su estructura y la forma de ser de sus habitantes se han formado alrededor de esta masa de agua, que ha ido perdiendo fuelle con los años debido a la sobreexplotación. El centro de interpretación del río de Can Planetes, bajo la atenta mirada de la iglesia del Puig de Missa, supone el punto de partida para conocer este tesoro natural de Ibiza. Una zona que destaca por su biodiversidad y por la gran facilidad para ver a los animales que viven en ella. El puente nuevo, erigido en 1918 como necesidad de conectar por carretera el núcleo urbano, y el puente viejo, anterior al siglo XVII, trazan una línea por la que es una gozada perderse.

Precisamente, bajo el puente viejo (construido según la leyenda por el diablo) nace una de las fábulas de la cultura ibicenca como es la del fameliar. Este diminuto duende, de cuerpo escuálido y deforme y con una gran nariz, era capaz de llevar a cabo casi sin esfuerzo los trabajos que eran una auténtica odisea para los humanos. Sin embargo, el precio a pagar cuando no trabajaba era darle de comer: “Feina o menjar?” [¿Trabajo o comida?] Un ser de un apetito voraz que no siempre era fácil de controlar. Hasta que se le encomendaba un trabajo imposible. Bastante más factible es seguir la ruta hasta la desembocadura del río de Santa Eulària, donde el paseo que surca la costa ibicenca conecta con el centro del pueblo hasta el passeig de s’Alamera. Una ruta para la que es necesario poco más de una hora y muy recomendable para una de las jornadas en las que se decida descansar de la playa o para ganar tiempo antes de sentarse a probar la deliciosa gastronomía ibicenca.